LA HOMOFOBIA Y EL CRISTIANISMO
por Gustavo Vidal Manzanares, España
Constantemente me encuentro con personas homofobicas.
En algunos casos pude comprobar que se trataba de homosexuales reprimidos que pretendían ocultar sus inclinaciones ridiculizando e insultando a los gays.
En realidad, resulta alarmante el número de grupos cristianos que justifican y alimentan su homofobia basandose en las Sagradas Escrituras.
Esto es ridículo porque las condenas de la homosexualidad en la Biblia son escasas, difusas y fragmentarias.
Algo que no ocurre con pecados condenados insistentemente como la soberbia, la codicia, el robo o el odio.
Y la homofobia es, sin duda alguna, una manifestación de odio.
De hecho, es incuestionable concluir que ser cristiano y homófobo son magnitudes totalmente incompatibles.
Por lo tanto, resulta un insulto apelar a la Palabra de Dios para racionalizar un odio que, además, en el caso de los homofobicos, nace de conflictos internos.
Ciertamente, no hay que ser muy avispado para comprender que, tras la fachada de religiosidad de los “homófobos cristianos”, borbotea un aborrecimiento que se manifiesta en burlas, puyas, ridiculizaciones, calumnias…
Por eso, a quienes no tenemos nada que ocultar, nos duele mucho que la Palabra de Dios se convierta en un baúl del cual extraen los intolerantes versículos, alegorías y sentencias que racionalizan sus fobias, complejos y simple maldad.
La homofobia es una enfermedad social incompatible con el cristianismo!
Como ya comente, la homofobia nace del odio y esto, por definición, es incompatible con el mensaje de Cristo.
Por otra parte, conviene proclamar que si bien la homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí lo es. Y, no menos importante, insisto que es un grave pecado, toda vez que atenta contra la esencia del cristianismo: el amor.
Así, los homofobicos van creando y consolidando un marco de referencias agresivo contra los gays y lesbianas. Los enmarcan como seres peligrosos, viciosos, ridículos, anormales y pecadores.
Sin embargo, opino que estas descalificaciones encajarían a la perfección con el homofobico medio.
Ese marco de referencias agresivo es el cimiento para acciones de violencia política (que cristaliza en la desigualdad legal) o social, mediante el escarnio público, las burlas y las difamaciones.
La homofobia es una enfermedad psicosocial que se define por miedo y odio irracional a los homosexuales. La homofobia pertenece al mismo grupo que otras enfermedades sociales similares como el racismo, la xenofobia o el machismo.
Este grupo de enfermedades se asocia con el fascismo y se fundamenta en el odio a otros, a los cuales se contempla como una entidad ajena y peligrosa, con valores particulares y extraños, amenazadores para la sociedad y lo que es peor, contagiosos.
La homofobia, como todas las variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones para el exterminio.
En realidad, el homófobo arremete o busca que otros agredan y marginen a los homosexuales.
“En el amor no hay temor…”
Obviamente, la homofobia, cuya materia prima es el odio y el miedo, resulta absolutamente incompatible con Cristo… “En el amor no hay temor, porque el amor echa fuera el temor”, enseñan las Sagradas Escrituras.
Muy al contrario, los homófobos bullen de odio y desean el perjuicio de los homosexuales que, en la mayoría de los casos, reflejan sus fobias, deseos ocultos y desajustes emocionales.
Como podemos suponer, las posturas de odio hacia los homosexuales resultan jaleadas desde las dehesas fundamentalistas “cristianas” (que de cristianas solo tienen el nombre).
Sin embargo desde esos ángulos de integrismo “cristiano” se defiende el capitalismo más brutal, la explotación, el enriquecimiento a costa de los más débiles y pacíficos…
Sí, el integrismo cristiano lleva tantos años defendiendo el saqueo de los ciudadanos honrados y apacibles por los lobos de las finanzas y el capital, que hasta pretenden robarnos a los demás la Palabra de Dios para poderla interpretar y manipular a su conveniencia.
Pero yo, particularmente, prefiero quedarme con el amor antes que con el odio a los homosexuales. Quizá porque Cristo predicó el amor, quizá porque yo no tengo nada que disimular… quizá por ambos motivos.
Homosexualidad: ¿Diálogo imposible?
Jeremy Marks, cristiano evangélico fundador de Courage UK en 1988 y ex-presidente de Exodus International, la organización más grande del mundo encargada de tratar con homosexuales que quieren dejar de serlo, ha rectificado su anterior postura en la que consideraba la homosexualidad como pecado y ha pedido perdón por haber participado todos estos años en un tipo de ministerio (el de cambiar la sexualidad de personas homosexuales) que ahora considera muy perjudicial para la vida de los afectados.Este cambio tan radical de una persona que aún se considera creyente evangélica ha sido motivado por la preocupación que desarrolló a lo largo de los años al observar los efectos que estos tratamientos y filosofías tenían en las personas homosexuales. “Comencé a darme cuenta de que nuestro ministerio estaba fomentando el aislamiento, la pérdida de la fe, la ruptura de matrimonios e incluso intentos de suicidio”, comenta Jeremy. En el 2000, a pesar de la oposición que estaba recibiendo desde la comunidad evangélica, Jeremy transformó Courage UK en un nuevo ministerio evangélico con una vision positiva hacia la homosexualidad. Hoy, Courage UK se encarga de ayudar a aquellos cristianos homosexuales “que buscan un espacio seguro donde reconciliar su fe y su sexualidad”. Podéis leer la historia completa de esta transformación en el libro, Exchanging The Truth of God for a Lie, escrito por el mismo Jeremy Marks.
Recientemente escuché una entrevista con Jeremy Marks en un programa de radio de la BBC en la que también se entrevistaba al lider de la organización CORE, de Irlanda del Norte, que considera la homosexualidad como pecado. De alguna forma CORE se encarga de hacer lo que Courage UK hacia antes de cambiar su vision, así que la entrevista fue bastante interesante. La motivación principal de CORE para llevar a cabo este ministerio, cuenta su lider Michael Davidson, es que las relaciones entre personas del mismo sexo son anti-bíblicas. La historia personal de Michael tampoco tiene desperdicio, habiendo luchado con asuntos de homosexualidad en el pasado. Podéis encontrar su blog aquí.
En mi opinión la Biblia no dice nada claro e inequívoco acerca de la homosexualidad. Ya se ha mostrado en más de una ocasión (en este mismo blog hay varios mensajes relevantes acerca del tema) que los textos bíblicos que a menudo se citan desde algunos campos para demostrar que la homosexualidad es anti-bíblica son pasajes ambiguos y muy poco aclaratorios. Sin embargo, es sin duda muy útil reconocer que muy pocas veces (si es que hay alguna) la interpretación y exégesis de un texto va a servir para resolver la diferencia de opiniones que existe hoy en el campo evangélico acerca de este tema. Al menos el testimonio de estas dos personas, ambas evangélicas, ambas a favor de la autoridad de las Escrituras y ambas preocupadas por llevar a cabo un cuidado pastoral serio y bíblico en la vida de personas homosexuales, nos puede mostrar que este no es un debate simplemente entre liberales y conservadores, o entre aquellos que creen en Dios y aceptan las Escrituras y aquellos que no. A menudo se pinta este debate así desde varios frentes, quizá con la intención argumentativa de polarizar las respuestas y formar bandos dentro de los creyentes. La existencia de opiniones como las de estas dos personas, sin embargo, muestra que el debate no es tan sencillo como se pinta.
Si conseguimos darnos cuenta de esta gran verdad, de lo complejo de este debate, habremos dado un paso importante hacia un posible un diálogo real entre las partes implicadas, un diálogo donde ninguno de los lados crea tener la respuesta definitiva y final antes de haber escuchado al otro, y donde ambos permitan la posibilidad de estar en el error y de cambiar de idea. Estamos muy necesitados de este diálogo.
LOS CUAQUEROS DICEN SI!
Los cuáqueros de Gran Bretaña se han convertido en la primera Iglesia cristiana del Reino Unido en apoyar el matrimonio entre homosexuales.
En su reunión anual del 31 de Julio, en York, pidieron al gobierno que cambiara la ley para extender los derechos matrimoniales a las parejas del mismo sexo y declararon que su ceremonia matrimonial quedaba abierta a estas parejas. Aunque los cuáqueros de Irlanda son una organización autónoma, tomarán esta decisión en cuenta a la hora de decidir por sí mismos lo que deben hacer.
Seguro que hay varias lecturas acerca de esta decisión desde el mundo cristiano. Para algunos será que estos cristianos no encuentran razones suficientes en la Biblia como para denegar esos derechos a los homosexuales. Para otros quizá esté claro que sus conciencias están tranquilas con ello y por tanto no tienen razones para argumentar en contra. Y aún otros creerán que quizá todos los cristianos cuáqueros han dejado ya de ser cristianos instantáneamente al tomar esa decisión. Pero lo que está claro de todo esto, como venimos diciendo ya, es que los cristianos no se están poniendo de acuerdo en este asunto y mantienen formas muy distintas de entender la voluntad de Dios con respecto a este tema así como formas muy distintas de leer e interpretar los distintos textos bíblicos (para más pruebas de dicha diversidad, no hay más que echar un vistazo al debate que lleva ya un tiempo teniendo lugar en la iglesia Anglicana).
Ante esta diversidad, y dado que parece que no va a ser sencillo convencernos unos a otros de que estamos equivocados (de hecho, está empezando a parecer misión imposible), quizá baste con dar nuestra opinión al respecto, reconocer que hay diversidad y dejar el juicio final divino a Dios.
